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Entre los
numerosos géneros musicales practicados por los porteños,
hay dos que se imponen por su historia: el tango y el folklore.
El
tango, "ese pensamiento triste que se baila" según
Discépolo, vivió varias transformaciones desde
su nacimiento a fines del siglo XIX en los suburbios de la ciudad. Sin entrar en
complicadas precisiones, es globalmente el resultado de la fusión de ritmos
locales con la habanera cubana y el candomblé africano. La figura mítica del
tango es Carlos Gardel. Con el tiempo, hasta el jazz ejerció su
influencia en el tango para darle un aire más contemporáneo con el talento
creativo de Ástor Piazzolla. Hoy se lo interpreta –en
canto, danza y orquestación– en sus diferentes modalidades: clásica, moderna, de
salón, electrónica, canyengue, milonguera... Los disc-jockeys de las
innumerables milongas
qu e diariamente reciben a los tangueros de la ciudad, le dieron a cada
salón un estilo determinado. En algunas se baila prioritariamente a la manera "cerrada" de los años 20 y 30 (bailarines
estrechamente abrazados), en otras la preferencia apunta al tango un poco más
"abierto", en muchas hay una mezcla de todas las épocas y, en determinadas
milongas, se impone el tango melodioso de
Osvaldo Pugliese y las expresiones más sedosas
de Piazzolla, ideales para motivar a la pareja en una búsqueda más íntima de los
cuatro minutos que dura esa "expresión vertical de una intención horizontal". Es
una danza que ofrece posibilidades expresivas
para todos los temperamentos: puede ser pudorosa, distante, íntima, respetuosa,
ardiente, formal, espectacular, tímida...
Pero aclaremos –sobre todo para quienes habitan en el exterior– que hay,
esencialmente, dos tipos de tango.
El más difundido
–y al cual nos habituaron las troupes tangueras en sus giras por las
salas de las grandes capitales del mundo– es el tango de escenario,
producto comercial for export que se caracteriza por su
espectacularidad, su tono circense, muy cercano a la danza acrobática y que
exige una gran destreza física. Este tipo de demostración –visualmente admirable
e impresionante- desalienta a los debutantes porque supone un estado
atlético que no todos pueden exhibir. Aclaremos también que esta espectacularidad
va, con raras excepciones, en detrimento de la sensualidad.
El otro tango es
el popular, más íntimo, que se baila con más pausas, con pequeños
movimientos y que, por estar al alcance de personas de cualquier edad y condición
física, es el que se baila en las milongas de Buenos Aires.

Es éste el tango
que buscaremos, el que supone un camino introspectivo hacia la sensualidad y que
se recorre de a dos. De ahí la manera en la que el hombre
enlaza a la mujer en "el abrazo", el modo en que ella busca el hombro de su
compañero y la sugerencia del movimiento a realizar que se transmite por el
contacto de los pechos. Y todo en un marco de gestos y desplazamientos que
apuntan a la complicidad, a la elegancia y a la armonía.
En la mayoría de las milongas rigen códigos –como el legendario "cabeceo"– que son respetados escrupulosamente y que es una delicia
descubrir desde una mesa cuando no se baila. Un fenómeno reciente, de gran
arraigo entre los adolescentes y los jóvenes porteños que se inician en el tango
(y que gana adeptos en Europa, especialmente en París), es la modalidad llamada
tango de salón
donde se mezclan, según la inspiración del momento, el abrazo cerrado y la
distancia, el paso largo y la pausa, lo que que facilita figuras mucho más
originales. Esta manera se permite también la irreverencia de romper con los
códigos vestimentarios y gestuales tradicionales. Allí se escucha mucho "tango
electrónico", se baila en zapatillas, en bermudas o como uno quiera, cosa que
choca a los tangueros tradicionalistas.
De forma espontánea, en muchas milongas se fueron congregando gente de la misma
generación o un mismo estilo de danza, lo que hace que sea una experiencia
tanguera muy diferente ir a bailar a El Beso, a Villa Malcolm, al Viejo Correo,
a La Ideal o al Niño Bien. En otras se confunden las generaciones porque lo que
se impuso en ellas fue la calidad de la música ofrecida. Es el caso del Salón
Canning, particularmente visitado por extranjeros. Desde hace unos años, existen
también tanguerías para parejas homosexuales, como La
Marshall.
En Europa y en
los EEUU (y de a poco en Argentina), hoy están de moda productos bailables
derivados del tango con finalidades precisas. Tres ejemplos: la
tangoterapia,
el tango zen
y el tango orgánico.
Buenos Aires
cuenta también con una gran cantidad de cena-shows
tangueros de muy buen nivel en los que, cada uno, apunta a aspectos
diferentes de la historia de esta música del Río de La Plata. Ya se trate de la
Esquina Carlos Gardel, de
El Querandí, de
Piazzolla Tango, del Café de los Angelitos
o de la Esquina Homero Manzi, puedo
reservarle un lugar privilegiado y también acompañarlo si así lo desea. Sepa
que, salvo pocas excepciones, los acompañantes y guías turísticos estamos
"liberados" del precio de entrada al show y de la cena.
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